jueves, 16 de julio de 2009

Detectores de billetes falsos

El taxista ha aceptado darme cambios de 50. Cuando voy a pagar pasa el billete por una maquinita y me dice que no, que no me lo puede coger porque es falso. Lo examino y es evidente que es auténtico. Me dice que su máquina no pita y que no tiene “pizquitas brillantes” bajo la luz negra. Le digo que llame a la policía para denunciarme por intentar colárselo. Me dice que no tiene por qué. Le digo que no se preocupe que ya llamo yo. Llamo al 091, les explico la idiotez y me dicen que mandan un coche ahora mismo. El taxista me dice que si la policía ve ese billete me lo quitarán. Le digo que me parece estupendo porque en ese caso aprovecharé para poner una denuncia a la caja de ahorros de cuyo cajero automático acabo de sacar ese billete. El taxista vuelve a pasar la maquinita. Ahora resulta que el billete ya no es falso, ya pita y ya tiene “pizquitas brillantes”, aunque muy pocas. Llamo a la policía y les digo que el taxista ha cambiado de opinión, que no manden ya el coche y que perdonen por haberles molestado por tamaña gilipollez. El taxista me cobra y adiós muy buenas.

En el Corte inglés también me pasó algo parecido una vez. La cajera pasó el billete por la máquina y me dijo que era falso. Yo le dije a la cajera que o me cobraba de ese billete o que llamara la policía, pero que a mí me la sudaba lo que dijera su puta máquina. Llamó a la encargada y me aceptaron el billete sin ningún problema.

Al margen de que yo considere que estas máquinas no son fiables, el verdadero problema de su uso es que una máquina no es ninguna autoridad. Diga lo que diga un aparato, incluso si nuestro billete fuera falso en realidad, en cualquier negocio están obligados a aceptárnoslo o, en caso de duda, llamar a la policía. Si no se atreven a llamar es porque, en el fondo, aquellos que usan estas maquinitas también saben que no son en absoluto fiables.

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