lunes 3 de agosto de 2009

Reparto de correspondencia

Antes de nada he de decir que aprecio el trabajo del servicio público de Correos y que, en general, pienso que funciona bastante bien para los escasos recursos de los que disponen sus responsables. Es en el sector de las carísimas empresas privadas de transporte donde me he encontrado más a menudo con despropósitos que incluyen desde destrucción de obra gráfica original a robo sistemático de jamones y contenido de cestas de navidad.

Pero este documento que reproduzco junto a estas líneas testimonia un hecho bastante cómico y creo por ello que merece ser publicado. De su lectura (se puede ver a su tamaño original pinchando sobre él) se deduce que el Sr. Martín no estaba recibiendo la correspondencia dirigida a su domicilio correctamente y que presentó una reclamación por vía telefónica a Correos. Con gran diligencia -en menos de una semana- Remedios Porras, una encargada del servicio de atención al cliente, le quiso comunicar muy amablemente que iban a poner “todos los medios a su alcance para subsanar irregularidades”. Hasta ahí todo perfecto.

El problema es que esta carta, en lugar de hacérsela llegar a su destinatario, la entregaron en el buzón de mi domicilio particular en el que por supuesto no vive ni ha vivido nunca -ni allí, ni en todo el edificio- ningún señor Martín.

(Una vez abierta por error, intenté devolverla indicando la leyenda de “desconocido en este domicilio” junto al destinatario y depositándola en el buzón del cartero de mi portal, pero meses después vi que seguía ahí, así que opté por volver a cogerla y archivarla en mi colección de documentos curiosos. Ordenando papelotes topé con ella el otro día y hoy cuento aquí esta historia).

jueves 16 de julio de 2009

Detectores de billetes falsos

El taxista ha aceptado darme cambios de 50. Cuando voy a pagar pasa el billete por una maquinita y me dice que no, que no me lo puede coger porque es falso. Lo examino y es evidente que es auténtico. Me dice que su máquina no pita y que no tiene “pizquitas brillantes” bajo la luz negra. Le digo que llame a la policía para denunciarme por intentar colárselo. Me dice que no tiene por qué. Le digo que no se preocupe que ya llamo yo. Llamo al 091, les explico la idiotez y me dicen que mandan un coche ahora mismo. El taxista me dice que si la policía ve ese billete me lo quitarán. Le digo que me parece estupendo porque en ese caso aprovecharé para poner una denuncia a la caja de ahorros de cuyo cajero automático acabo de sacar ese billete. El taxista vuelve a pasar la maquinita. Ahora resulta que el billete ya no es falso, ya pita y ya tiene “pizquitas brillantes”, aunque muy pocas. Llamo a la policía y les digo que el taxista ha cambiado de opinión, que no manden ya el coche y que perdonen por haberles molestado por tamaña gilipollez. El taxista me cobra y adiós muy buenas.

En el Corte inglés también me pasó algo parecido una vez. La cajera pasó el billete por la máquina y me dijo que era falso. Yo le dije a la cajera que o me cobraba de ese billete o que llamara la policía, pero que a mí me la sudaba lo que dijera su puta máquina. Llamó a la encargada y me aceptaron el billete sin ningún problema.

Al margen de que yo considere que estas máquinas no son fiables, el verdadero problema de su uso es que una máquina no es ninguna autoridad. Diga lo que diga un aparato, incluso si nuestro billete fuera falso en realidad, en cualquier negocio están obligados a aceptárnoslo o, en caso de duda, llamar a la policía. Si no se atreven a llamar es porque, en el fondo, aquellos que usan estas maquinitas también saben que no son en absoluto fiables.

martes 5 de mayo de 2009

Voces en castellano de los juguetes de “Star Trek” de Burger King

Los dos primeros muñequitos que conseguí de esta promoción emiten los siguientes audios:



Tras dos o tres escuchas conseguí entender que Spock decía “Sería sumamente irónico”, pero la frase de Uhura se me resistía. Mi novia entendía “Hoy yo quiero hacer contacto, capitán” y yo creía que decía “A la izquierda, hacer contacto, capitán”. Consultando el prospecto, resultó que lo que se supone que dice es “Alguien quiere hacer contacto, capitán”. Bueno, vale, tras leer la frase uno vuelve a oír al muñeco y se puede hacer la idea de que sí dice eso.

Para explicar la extrañísima pronunciación y forma imaginativa de colocar los acentos de las personas que grabasen esos archivos de sonido sólo se me ocurrían dos posibilidades. Una: que para la fabricación de la versión española de estos juguetes se ha utilizado la versión del doblaje en castellano neutro de Estados Unidos. Dos: que a los dobladores de la versión española de la película se les ha ido completamente la olla.

Pero ninguna de esas dos posibles explicaciones es la correcta, tal y como llegué a la conclusión tras escuchar dos nuevos juguetes de la misma promoción: el muñeco de Scotty y el Tricorder. Estos son sus audios:


Ahora sí que queda todo claro. Tras esas enigmáticas frases se reconoce sin lugar a dudas la forma de hablar castellano característica de las personas originarias de un país asiático. En concreto, me arriesgaría a decir que de China. Ahora encaja todo. Estos juguetes se suelen fabricar allí con muchos meses de antelación. Cuando se produjeron, lógicamente los doblajes de la película no estaban todavía realizados en ningún país de habla hispana y nadie se preocupó tampoco de enviarles a los chinos unos archivos de sonido en castellano grabados por personas que hablen decentemente el idioma con lo que dejaron en sus manos esa responsabilidad. Conclusión delirante: los muñequitos que se regalan en nuestro país de la promoción “Star Trek” del Burger King hablan español con acento chino.

Por si no habéis conseguido descifrar los últimos audios, al parecer, según el prospecto, las frases que en realidad se supone que dicen Scotty y el Tricorder son, respectivamente, “ Vamos a toda velocidad, capitán“ y “ Fecha espacial: veintidós cuarenta y ocho cuatro punto dos“.

Hasta aquí, el relato de los hechos y mi deducción personal. Dejo en otras manos las consideraciones morales que puedan derivarse de lo expuesto.

martes 31 de marzo de 2009

Etiquetas adhesivas para impresora Folder

Recurriré al tópico esta vez, porque aquello de “lo barato sale caro” encaja a la perfección con este producto. Solo seis eurillos y pico me costaron estas cien etiquetas adhesivas tamaño DINA4 para impresora, pero cada vez que las he tenido que utilizar me he cagado en todos los muertos del fulano que -no sé si por ahorrar en tinta o por simple estupidez- decidió que la superficie de ambos lados de cada una de las hojas tuvieran exactamente el mismo color y aspecto. De esta forma, no solo las posibilidades de imprimir las etiquetas por la cara equivocada son muy altas, es que además, una vez impresas, como no hay ninguna marca que indique dónde se encuentran los cortes que ayudan a retirar el papel protector del adhesivo, esta tarea se convierte en una desesperante y tediosa broma de mal gusto.

Lo cierto es que, antes de comprarlas, como la caja que las contenía venía retractilada en plástico transparente, pregunté al dependiente de la sucursal de Folder por el color del dorso de las hojas, pero el tío me miró con esa cara que pone que indica que le estás pareciendo un tiquismiquis cicatero y venció mis reticencias. Antes trabajaba en este comercio una brasileña rubia que respondía con amabilidad a todas mis preguntas y antes de ella un marroquí también bastante majete. Pero este tío ya me ha vendido un taco de cajas slim de poliestireno cristal para DVD que se jodían una de cada dos veces que las abrías, unas minas para portaminas que luego eran mucho más blandas de lo indicado en la etiqueta y ahora estas casi inútiles hojas adhesivas. Siempre con el truco de hacerse el molesto o el ignorante cuando le solicito especificaciones técnicas.

Es cierto que no siempre se requiere la excelencia y por eso creo que las papelerías de productos baratos pueden ser útiles si los empleados son lo suficientemente espabilados para recomendarte lo adecuado a tus necesidades. Pero sin personal instruido, uno ahorra unos céntimos al mismo tiempo que consigue problemas que suponen un gasto de algo más valioso: tiempo y esfuerzo.

Por supuesto, he vuelto a ser cliente de la papelería del barrio.

(Actualización: Gracias a un comentario anónimo me he dado cuenta de que el comercio del que hablo, lógicamente, se trata de una sucursal de Folder y no de Carlin como había apuntado en primer lugar. Ya lo he corregido. No estoy seguro, pero juraría que cuando la tienda tenía los otros dependientes que menciono sí que era un Carlin)

viernes 9 de enero de 2009

Mighty mouse

Soy usuario de Mac desde hace quince años por la única razón de que casi todo en ellos suele funcionar bien. O por lo menos, desde luego, menos mal que en otras marcas de ordenadores y sistemas operativos. Lo de que el diseño suela molar es un aliciente, pero me dan penica los que se creen que los macs son sólo diseño. Al menos para mí eso es lo de menos y, de hecho, mi primer Performa color crema era tirando a feo. Sin embargo, no soy nada proselitista. Hace mucho que no intento convencer a nadie de nada. No soy comercial de Apple. El pobrecico que quiera seguir sufriendo con un PC con Windows, allá él. Me la suda. (Bueno, me la suda siempre que no tenga que colaborar con él en algún curro y empiece a comerme yo problemas por culpa de su cacharro). Por otra parte, el que tenga tiempo, energía y ganas para instalarse alguna distribución de Linux, tiene mi enhorabuena. Si yo fuera consecuente con mis propias ideas también me instalaría Linux y me haría vegetariano. Pero prefiero macos y chuletones que foros de ayuda a granel y acelgas.

Dicho esto, voy a lo que iba: el nuevo Mighty mouse de Apple es una puta mierda pinchada en un palo. Es inconcebible que un ratón nuevo empiece a dar problemas al mes de que te lo hayas comprado. Me da igual que la solución de lo del atasque de la bolita sea fácil o difícil. Me da igual que, cuando funciona, sea una maravilla. Es un producto defectuoso porque, como cualquiera que tenga uno sabe, se jode pronto. Y poco más hay que hablar. Me da igual que seáis Apple si os comportáis como Microsoft. No me vendáis más hardware beta, cabrones.

lunes 24 de noviembre de 2008

Supuesto 50 aniversario de Raphael

Leo en numerosos medios de comunicación que este año 2008 se celebra el 50 aniversario de Raphael sobre los escenarios. No me salen las cuentas. Acudo a mi colección de entradas y folletos de conciertos para comprobarlo. En 1991 estuve viendo a Raphael en el teatro Calderón de Madrid y, como podéis comprobar en la portada del programa, tal espectáculo se publicitó como el “30 aniversario de Raphael en escena”. El cálculo más elemental indica que en por lo menos una de estas dos ocasiones el aniversario no era tal.

viernes 7 de noviembre de 2008

Diseño de las entradas de Servicaixa











Es un pequeño defecto de diseño tonto, pero significativo por aquello de que los detalles nos hablan de la verdadera naturaleza de las cosas.

Sólo había dos posibilidades para colocar el código de barras: en el extremo derecho y en el extremo izquierdo. Pero la persona que diseñó las entradas vacías sobre las que luego los cajeros de Servicaixa imprimen los datos del espectáculo correspondiente y la persona que diseñó la forma de imprimir estas mismas entradas no hablaron entre ellas ni para comunicarse esta información. O quizás, simplemente se equivocó la persona responsable de colocar el punteado. De cualquier forma, la conclusión es la misma: el fragmento punteado para facilitar su recorte queda vacío y, sin embargo, la zona de fondo blanco donde se imprime el código de barras debe arrancarse según el sistema clásico del desgarro guarro.

No es un problema de orientación de las entradas dentro de la máquina: si se hubieran colocado hacia el otro lado, la franja que repite la leyenda de www.servicaixa.com quedaría invertida. Tampoco es un problema puntual: todas las entradas que he visto de Servicaixa en los últimos años tenían este defecto.

sábado 18 de octubre de 2008

Servicio al cliente de Orange 1414 y 902012220

Desde hace dos días un spammer está enviando millones de mails con el remite de una de mis cuentas de correo. No sé si utiliza sólo el remite o también el smtp. De esa inmensa cantidad de envíos un porcentaje es enviado a direcciones saturadas, abandonadas o inexistentes, así que los mensajes rebotan y se informa al supuesto remitente que no han podido ser entregados. O sea, a mí. Lo que quiere decir que cada hora recibo unos 5000 mensajes de este tipo. El problema no es sólo es el coñazo de bajar tantos avisos, es que además es casi imposible encontrar entre tanta paja los mensajes importantes. No sigo comprobando la dirección desde mi programa de correo pop para evitar la descarga de tanta basura y decido intentar comprobar la cuenta desde el webmail. Siguen llegando mensajes a porrillo a mayor velocidad que la que yo puedo borrarlos.

Llamo al “servicio al cliente” de Orange, mi proveedor, a ver si me pueden decir si están usando mi smtp o no. En el caso de que lo estuvieran usando, digo yo que bastaría con no permitirlo. Incluso ni a mí mismo, si no saben hacerlo mejor. Así yo podría seguir recibiendo mensajes en esa dirección y usaría otro smtp de otra cuenta para enviarlos. De hecho, es lo que estoy haciendo desde hace meses porque las nuevas medidas de “seguridad” que aplicaron en sus smtps no me permiten con mi programa de correo y sistema operativo hacerlo.

Me cuesta 45 minutos que un pobre tipo sin puta idea de nada me coja el teléfono. Doy mis datos docenas de veces y no le suena ni el propio dominio que pertenece a su compañía (tengo que deletrearle “ctv”). Por supuesto, no entiende nada de lo que le estoy contando, pero hace como que sí. Me deja en espera cinco minutos con el “Let the sunshine” en versión francesa. Está sorprendido de la cantidad de mails que tengo en el buzón de entrada: más de 9000. No entiende nada. Se lo vuelvo a explicar. Me vuelve a dejar con el bucle de la cancioncita de "Hair". Vuelve con una idea cojonuda: que me ponga un filtro antispam. Le intento explicar que no se trata de que reciba mucho spam sino que toda esa avalancha son mensajes devueltos porque alguien sí que lo está enviando con mi remite. Vuelta a esperar. La letra de la canción -lo juro- desgrana unos versos que dicen “armonía y comprensión, empatía y confianza abundan”. Vuelve. Que me baje un antitroyano y que lo instale. Le vuelvo a intentar explicar que no tengo ningún troyano. Vuelta a esperar. Vuelve. Dice que borre mi cuenta y que me haga una nueva. Le explico que si la borro perderé todos los mensajes que recibo en ella. Dice que lo entiende. Vuelta a esperar. Vuelve. No sé qué estupidez dice ahora. Vuelta a esperar y vuelta con otra gilipollez. Le pregunto si cada vez que me deja esperando va a preguntar a alguien que sepa más. El pobre diablo confiesa que sí. Le pido que me pase con alguna persona que sepa más. Dice que no puede ser, que ellos no saben qué hacer, que no tiene la culpa de que yo reciba tantos mensajes. Empiezo a desistir de intentar hacerle entender algo. Se pone nerviosísimo. En la conversación me ha llamado sesentaidós veces “Sr. Entrialgo” como una especie de muletilla talismán que le libre de poder dar algún dato coherente. Le pregunto que si sabe lo que es un smtp. Me dice que no me puede dar esa información. Me pregunta que si tengo alguna duda más. No, claro, no me queda ya ninguna duda de la puta mierda del servicio al cliente que tiene esta compañía. He desperdiciado hora y media entre las esperas y este diálogo de besugos. Apunto en la agenda cambiarme de proveedor de internet y telefonía en cuanto tenga un rato. Escribo esto mientras el "Let the sunshine" me sigue martilleando el cerebro.

jueves 10 de julio de 2008

Mozzarela Bocconcini

No sé si es por el calor o qué hostias, pero esta semana me han vuelto a timar. Y con un truco más viejo que el copón. Voy al supermercado. Anuncian “auténtica mozzarella” y en el cajón se exponen dos marcas: una española con pinta chunga y otra con nombre italiano, el dibujito de la cabeza de una búfala y la leyenda en dos idiomas: “con leche de búfala”. Pocos alimentos tienen una combinación de sabor y textura tan sutil y al mismo tiempo tan sublime como la mozzarella pero -y esto es importante- siempre y cuando estemos hablando de la mozarella de búfala de verdad. Porque el subproducto vacuno suele ser una sustancia chiclopastosa que se utiliza para que las ensaladas y los platos de cocina pseudoitaliana cutre llenen más. No es como el jamón de jabugo y el serrano normal, que cada uno tiene su punto y su ocasión. O como el vino joven y el de reserva. No. La mozarella que no es de búfala es la nada sólida. Plastilina blancuzca sin sentido. Por eso, aunque vale más, escojo sin duda la segunda, la de la marca supuestamente italiana.
Llego a casa y nada más meterme a la boca esa bola indefinida de sinsustancia hecha materia noto el gato por liebre, agarro el paquete y leo los ingredientes indicados en el dorso en letra microscópica: 85% de leche de vaca, cuajo, sorbato potásico, sal, fermentos lácticos y un puto 5% de leche de búfala. Claro, en la portada no mienten, sí que tiene leche de búfala. El viejo truco de aquellas patatas fritas que se anunciaban con alegría como buenas para el corazón porque tenían aceite de oliva y, en realidad, sólo incluían una gota entre el mar de aceites vegetales chungalís en el que se freían. Es cierto, a los responsables de comercializar esta mozzarella de esta manera no podrá acusárseles de mentir directamente, pero sí de inducir a la confusión del consumidor de una forma muy hijadeputa. Y así lo decidió la justicia en el mencionado caso de las patatas fritas haciéndolas retirar del mercado.

martes 8 de julio de 2008

Edición española de DVDs de la serie Extras

En un torpe gesto de honradez del que me arrepiento decidí hacer el subnormal y pagar el precio que piden en los comercios por la caja de la primera temporada de DVDs de esta serie. ¿La recompensa? Una vez roto el plastiquito rebusco en los menús y me encuentro con que la cutredistribuidora en nuestro país, para ahorrar cuatro duros, me ha estafado vendiéndome una puta mierda de edición sin subtítulos en castellano. Así que tengo dos opciones: o me la veo en un inglés del que no entiendo ni la mitad o me la trago en un español vomitivo absurdo que destroza las referencias, la naturalidad y el humor de la serie a base de esa dicción en exceso vocalizada, teatral, profunda y completamente antinatural de todos los doblajes de mierda españoles. Me han estafado abusando de mi buena fe y me veo obligado a bajarme todos los episodios de todas las temporadas de internet para poder verlos con subtítulos. Yo quería pagar, pero no me dejan. Luego nos vienen llorando con que la industria no va bien por culpa de internet y bla, ble, bli. Que os folle un pez, sinvergüenzas.

Actualización: los que no queráis ser engañados, la podéis bajar en descarga directa de aquí con subtítulos en castellano.