jueves, 5 de julio de 2007

Sony DCR-HC96E

Me compré esta videocámara porque la PC101, el modelo que me robó un brasileño en el metro estas navidades, ya no se fabrica y, como estaba contento con su robustez (con la de la cámara, no con la del brasileño), me incliné de nuevo por Sony. Este modelo ofrecía aparentemente similares prestaciones al anterior, pero su carcasa está fabricada de un plástico que simula ser metal como de juguete asqueroso y, a simple vista, ya parecía mucho más endeble. Me ha durado cuatro meses. Después de un pequeño golpe el selector de modos -es decir, un interruptorcillo cutre mucho peor diseñado que el precedente- no funciona. Me entero de que el servicio técnico central de Sony ya no está en la calle Bravo Murillo de Madrid, donde hace años te arreglaban todo rápido y bien sin tocarte mucho los cojones. Resulta que se han trasladado a Barcelona y ya me conozco la movida si uno no puede desplazarse hasta allí. En los servicios autorizados siempre te ponen todo tipo de pegas para aceptarte la garantía. Efectivamente, recurro a uno y lo del pequeño golpe se considera mal uso. La reparación vale la cuarta parte de lo que me costó la cámara. Me cago en todos los dioses. Y, por supuesto, incluyo a Sony en esa categoría, claro.

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